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lunes, 16 de mayo de 2011

EL SEÑOR ES MI PASTOR

 EL SEÑOR ES MI PASTOR (Salmo 22)

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar
El Señor es mi pastor,
¿qué me puede faltar?
en praderas cubiertas de verdor,
El me hace descansar
me conduce a las aguas de quietud
y repara mis fuerzas.

El me guía por el recto camino,
por su inmensa bondad;
aunque cruce por oscuras quebradas,
ningún mal temeré;
me siento seguro, Señor,
porque Tú estás conmigo.

Tú, Señor, me preparas una mesa
frente al enemigo;
perfumas con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu amor me acompañan
a lo largo de mi vida;
y viviré en tu casa, Señor,
por muy largo tiempo.

RESUCITO MI SEÑOR!!

CELEBRANDO LA PASCUA

        Dice la letra del Pregón Pascual, que interpreta Cristóbal Fones:
 “Este es el día esperado por todos los hombres
Este es el día en que todo comienza de nuevo
Goce la tierra inundada de luz tan brillante
Huyan las sombras antiguas, aléjese el miedo”

  Y ese día esperado por todos los hombres y mujeres lo continuamos celebrando en
un encuentro festivo en la comunidad de Santa Mª de la Encina, allí participamos
las comunidades de Santa Olga, Puente Alto, Franke y la Comunidad de Rancagua.
           
            En un ambiente de alegría y fiesta, nos felicitamos porque Cristo ha resucitado, porque la muerte ha sido vencida, porque Jesús está vivo y presente entre nosotros.

            Gozamos sencillamente por estar juntas y celebrar el don de Su Vida y nuestra vida resucitada. Compartimos un rico asado y juntas nos congregamos en su Presencia rezando como comunidad, regalándonos el paso de Dios por nuestras vidas y la vida del mundo.
           
            Ese mismo día, algunas de nosotras participamos en un gesto que organizó el grupo Iglesia entre todos en la Plaza de Armas, la finalidad de este encuentro, era convocar a laicos, religiosos y sacerdotes, y juntos lavarnos mutuamente los pies, y también en el caso de los presbíteros, las albas y estolas. Con el deseo de que nuestra Iglesia, en estos tiempos con una necesidad fuerte de ser purificada, crezca cada vez más en humildad, sencillez y autenticidad. Con el corazón inclinado, de  modo especial a los vulnerables y empobrecidos.
           
            En medio de las luces y sombras de nuestro mundo y de nuestra Iglesia, que el Señor nos conceda la gracia de seguir anunciando y manifestando su Amor tierno y fuerte, que vence toda muerte y del que nada ni nadie nos separará.


            Un abrazo pascual.    

viernes, 6 de mayo de 2011

...LA RESURRECCION DE NUESTRO SEÑOR... "CORO SANTA LUCIA"

La resurrección de nuestro Señor

Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI

Pascua (1996)
Amados en Cristo:
La resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es la fiesta más importante y gloriosa del año eclesiástico, así como la Pascua era la fiesta más importante de los israelitas del Antiguo Testamento.
El porqué de esto es muy simple: la resurrección de nuestro Señor es la base misma del cristianismo. Pues, si después de su muerte Jesús no hubiera resucitado, ¿quién habría tenido fe en que Él era el Mesías, el Redentor, el Hijo de Dios? Si Jesús no hubiera resucitado, hoy no habría cristianismo. Si Jesucristo no hubiera resucitado, sus apóstoles y discípulos no habrían ido a predicar acerca de su vida, muerte y resurrección, sellando la verdad de su testimonio con la misma sangre. Como nos dice san Pablo en su Epístola a los Corintios:
“Y si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe, pues todavía estáis en vuestros pecados” (I Co. 15:17).
No obstante, los apóstoles y discípulos de Criso sí testificaron, hasta el punto del supremo sacrificio de sus vidas, que en verdad vieron a Cristo resucitado de entre los muertos. Humanamente hablando, los apóstoles y discípulos de nuestro Señor no tenían absolutamente nada qué ganar, pero sí todo qué perder con la predicación de Cristo y su resurrección. Entonces, ¿por qué lo hicieron? Lo hicieron por la sencilla razón de que sí fueron testigos de la resurrección.
La segunda razón por la que la resurrección de Jesucristo es la mayor fiesta de la Iglesia es porque constituye el más formidable de todos sus milagros. Cuando leemos en los Evangelios de los milagros de nuestro Señor, podemos ver que fueron obrados de una manera tan pública, tan manifiesta y tan obvia que no había lugar para duda o sospecha. Muchos de estos milagros fueron atestiguados por grandes cantidades de personas, incluso por los escribas y fariseos, los más implacables enemigos de nuestro Señor. Y cuando los apóstoles y discípulos fueron a “predicar a todas las naciones”, se dirigieron los contemporáneos de los sucesos acaecidos. La vida, la enseñanza y los milagros de Jesucristo eran bien conocidos por la gente de Palestina. Los sucesos sobrenaturales registrados en los Evangelios son tan numerosos y tan espectaculares que no había margen para fraude o engaño. Hubiera sido totalmente imposible que los apóstoles y discípulos de Jesucristo predicaran exitosamente los maravillosos milagros de Cristo si no hubiesen ocurrido.
Un ejemplo convincente de los muchos milagros obrados por Jesús que estaba fuera de duda es la curación del hombre nacido ciego, y que leemos en el Evangelio de san Juan, capítulo 11, versículos 1-45. Era un hombre que había nacido ciego y que vivió en una aldea particular toda su vida. La población entera de la aldea lo conocía muy bien. Jesús se le acercó y le dio la vista. Era imposible cuestionar dicho evento. Los fariseos intentaron en vano desacreditar este milagro hasta el extremo de acosar al hombre curado y de expulsarlo de la sinagoga. Este hombre, curado de su ceguera, nunca vaciló en su testimonio de que Jesús realmente lo había curado. Pero, tan grande como fue este milagro, la resurrección de nuestro Señor fue mucho mayor.
Cuando examinamos la manera en que Jesús resucitó de entre los muertos, sólo podemos maravillarnos por la infinita sabiduría de Dios en todas las circunstancias que envuelven su resurrección, las cuales han provisto y proveerán a todos los hombre de todos los tiempos la clara e innegable prueba de que Jesucristo realmente es el Hijo de Dios, el Mesías prometido, el Redentor del mundo.
En primer lugar, nuestro Señor y Salvador Jesucristo profetizó muchas veces que Él padecería una cruelísima Pasión y una ignominiosa Muerte en la cruz, pero resucitaría el tercer día.
“Porque como Jonás estuvo en el seno del cetáceo tres días y tres noches, así el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches” (Mt. 12:40).
“Y lo entregarán a los gentiles para abofetarlo, azotarlo y le crucificarlo, y al tercer día resucitará” (Mt. 20;19).
“Deshaced este templo y en tres días lo levantaré. Mas él hablaba del templo de su cuerpo” (Juan 2:19-20).
“Pero después que yo resucite, iré delante de vosotros a Galilea” (Marcos 14:28).
“Les prohibió decir a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitase de entre los muertos. Y guardaron firmemente en su interior lo sucedido, preguntándose entre sí qué significaría lo de resucitar entre los muertos” (Marcos 9:9-10).
Estas profecías sirven como preludio remoto de su gloriosa resurrección, mas el preludio próximo fue su crucifixión. Nuestro divino Salvador se sacrificó en el altar de la cruz y se convirtió en “el cordero de Dios” que quitaría los pecados del mundo. Al reflexionar sobre la manera en que Cristo sufrió y murió, podemos ver cómo sirvió esto para hacer aún más gloriosa su resurrección. Su Pasión y Muerte fue en sumo grado cruel, humillante e ignominiosa. Murió entre dos ladrones, sus manos y pies clavados en la cruz, su Sagrado Corazón con espinas coronado, y sobre su cabeza esta burlona inscripción: “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”. Y por si fuera poco, los fariseos y viandantes se mofaban de Nuestro Señor mientras colgaba él de la cruz:
“Y los que pasaban lo insultaban y movían sus cabezas y decían: Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo si eres Hijo de Dios y baja de la cruz” (Mt. 27:39-40).
“Igualmente, los príncipes de los sacerdotes con los escribas y ancianos se burlaban y decían: A otros ha salvado y no puede salvarse a sí mismo. Es rey de Israel, baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios, que ahora le libre si le ama. Porque ha dicho: Soy Hijo de Dios” (Mt. 27:41-44).
“El Cristo, el rey de Israel, baje ahora de la cruz para que veamos y creamos” (Marcos 15:31).
Cuando Jesús murió en la cruz, a todas luces parecía que los escribas y fariseos habían finalmente triunfado en su destrucción. Poco sabían que este no era el fin de Cristo y sus enseñanzas. Pues el tercer día, como había predicho, Jesús resucitó de entre los muertos. Se le apareció a su amada Madre, la siempre Virgen María, a las mujeres santas, que habían permanecido fieles incluso al pie de la cruz, y, finalmente, a sus apóstoles. Durante los cuarenta días que siguieron, Jesús se apareció con frecuencia a sus apóstoles y discípulos para confirmarlos en la fe. Así es como tenemos la mayor certeza de que, en verdad, Jesucristo es el Hijo de Dios.
En esta fiesta de la resurrección de nuestro Señor, al renovar las promess que hicimos en nuestro bautismo de renunciar a Satanás, sus pompas y obras, y de ser fieles a nuestro divino Salvador Jesucristo, resolvamos, como nos exhorta san Pablo, a resucitar espiritualmente a una nueva vida en Cristo, “libres del pecado,” y “buscando las buenas obras.”

miércoles, 20 de abril de 2011

En esta Semana conmemoramos:

Semana Santa

JUEVES SANTO "CORO SANTA LUCIA"

Jueves Santo

Última Cena
"Fecha en la que se conmemora la Última Cena de Jesús con sus discípulos. En ella, Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, donde Él se hace presente a través de la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y su Sangre, y el sacramento del Orden Sacerdotal "
Este día por la mañana en todas las catedrales, los obispos que son, como dice el Concilio, "los principales administradores de los misterios de Dios, que regulan, promueven y custodian toda la vida litúrgica de la Iglesia que les ha sido confiada", celebran una misa muy solemne con todos los sacerdotes ("el presbiterio" de sus diócesis) y en ella los sacerdotes con un solo corazón y una sola alma renuevan sus promesas y su obediencia al Obispo.
En ella, además, se consagran los óleos, es decir, los aceites que se emplean en diversos sacramentos: el bautismo, la confirmación, la ordenación sacerdotal y la unción de los enfermos.
La consagración de los óleos se celebra precisamente este día para indicar que todos los sacramentos nos relacionan con el Misterio Pascual de Jesús y que todos los sacramentos tienen su culmen y su Centro en la Eucaristía.
Son muchos los gestos que se evocan en el Jueves Santo. Uno de ellos es el signo de humildad y sencillez que realizó Jesús al lavarle los pies a todos sus discípulos, diciéndoles que ellos se los deben lavar unos a otros, "en verdad les digo que el siervo no es más que su señor, ni el enviado más que quien lo envió" (San Juan 13, 16), y el sacerdote en la liturgia lava los pies a doce feligreses.
Luego de celebrar la Eucaristía se expone el Santísimo (Ostia Consagrada) y se realizan vigilias de oración en signo de la oración de Jesús en el Monte de los Olivos, la noche antes de ser entregado a los sacerdotes.
La Biblia cuenta que terminada la cena de Pascua, el Mesías y sus apóstoles se dirigieron al Monte de los Olivos a orar. Él se distanció un poco, rezaba y sudaba cada vez más fuerte, comenzó a sentirse angustiado porque sabía lo que venía, y un ángel del cielo lo reconfortó.
Cuando fue a buscar a sus amigos se dio cuenta de que estos se habían quedado dormidos, Él les dijo, "ha llegado la hora en que el Hijo de Dios debe ser entregado. Levántense, ya se acerca el que me va entregar".

MIERCOLES SANTO "CORO SANTA LUCIA


Imagen

El Miércoles Santo recordamos la triste historia de uno que fue Apóstol de Cristo: Judas. Así lo cuenta San Mateo en su evangelio: Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?”. Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento, andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
¿Por qué recuerda la Iglesia este acontecimiento? Para que nos hagamos cargo de que todos podemos comportarnos como Judas. Para que pidamos al Señor que, de nuestra parte, no haya traiciones, ni alejamientos, ni abandonos. No solamente por las consecuencias negativas que esto podría traer a nuestras vidas personales, que ya sería mucho; sino porque podríamos arrastrar a otros, que necesitan la ayuda de nuestro buen ejemplo, de nuestro aliento, de nuestra amistad.

sábado, 26 de marzo de 2011

Anunciación y encarnación del hijo de Dios "CORO SANTA LUCIA"



Anunciación y encarnación del hijo de Dios 

 
El 25 de marzo recordamos el gran Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno purísimo de la Virgen María. Es el día más grande y exaltante para la Virgen María de Nazareth, porque Dios irrumpió en su vida con su presencia y con su gracia. El verbo de Dios, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad se hizo Hombre, asume la naturaleza humana, quedando unido para siempre a la raza humana, con un Alma creada para Él, como Dios hace para cada hombre en el momento de la concepción. Mantuvo intacta su Divinidad: Jesús hijo de María, Verdadero Dios y verdadero Hombre.

Desde aquel momento Dios comenzó a tener a un adorador infinito y el mundo un Salvador y mediador omnipotente. Para la realización de este gran misterio ha sido escogida solamente María, que cooperó libremente, consciente y generosamente al gran plan de Dios para salvarnos.

Viene espontáneo recordar las palabras del Evangelio “ Tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo para Salvarnos” (Jn 3,16) . Y la Inmaculada siempre Virgen María esta estrechamente e indisolublemente unida a la obra de nuestra salvación, a a las intervención de la Santísima Trinidad para salvar a toda la humanidad.

Dios a lo largo del Antiguo Testamento, guardo con celo el Misterio de su naturaleza Trinitaria ( un solo Dios en tres divinas personas) , para manifestarlo como “regalo precioso” por primera vez a la criatura que tenía que ser su Madre: la Virgen María. ¡ Lo más bello y lindo para la Madre .!

De hecho reveló a María que la omnipotencia de Dios Padre y por Obra del Espíritu Santo, se encarnará en su seno el Hijo de Dios. María queda profundamente inundada de la luz de Dios, en un éxtasis de amor y de fe.

Bastaron pocas palabras en el diálogo humilde con el Árcangel Gabriel, para abandonarse completamente a la Voluntad de Dios y dar su consentimiento pleno y total con su FÍAT, SI, HÁGASE. Y… fuimos salvados.

El “Sí” de María

Hace 2,000 años , el Arcángel Gabriel -que significa “Hombre de Dios”- fue enviado por Dios a Nazareth- que significa “ciudad blanca”- a donde una doncella muy joven, quizás de unos 15 años, llamada María - que significa Mar. Estrella, flor, sublime, amada por Dios.

Le dijo el ángel: “Alégrate, llena de Gracia sobreabundante, el Señor es contigo”.

Gozo y alegría porque viene anunciada la Buena Nueva y el nombre nuevo de María, es “Llena de Gracia”, eso es, inmaculada, sin pecado, blanca, tanto para estar en armonía con la blancura de su ciudad; purísima, inocente.

María es el nuevo trono de Dios y de las gracias, la Madre de la Divina Gracia..

Frente a este saludo divino, que es al mismo tiempo una misión, una vocación, y un Compromiso con Dios, María siente un santo temor; es natural. Por eso el ángel le dice: “ No temas María, porque has encontrado gracia, el favor de Dios: concebirás y darás a luz un hijo.”

Al ser llamada por su nombre, María se tranquiliza un poco.

“Concebirás” por obra divina, por acción directa del Espíritu Santo, de una manera única y sobrenatural. Es cosa de Dios, nadie debe intervenir, ni hoy , ni en el futuro. “Al hijo le pondrás por nombre JESÚS, es decir “YAHVE SALVA”, o sea SALVADOR”. El hecho que Jesús recibe el nombre de un ángel, demuestra que todo en El viene de lo alto. El ángel pasa de sorpresa en sorpresa añadiendo: “ El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Claro está que no se trata del espíritu profético, sino del Espíritu Divino, potencia creadora, que crea la vida de este niño único, verdadero Dios y verdadero hombre; se trata del Espíritu santo.

Se trata de una Nueva Creación, del Nuevo Adán, del siervo de YAHVE, de aquel que salvará toda la humanidad. Sólo Dios será su Padre y María, su Madre. Por eso todos los que tienen a Dios por Padre, tendrán a María por Madre.

Siguió a las palabras del ángel un instante de silencio en el Cielo y en la Tierra, el silencio más importante de toda la historia. Dios mismo se silenció esperando con trepidación la respuesta de una quinceañera, humilde y santa.

Y María pronunció su “SI”, su “Hágase” con toda su alma, con todo su Ser, y lo hizo en nombre de todos nosotros los Salvados, por su hijo , el “Salvador”.

En aquel instante sucedió algo más grande que la creación del sol, las estrellas, los mares, montañas y de los mismos hombres y ángeles. El hijo de Dios, el verbo eterno, a palabra, el Salvador del mundo, se hizo Hombre, se hizo niño, comenzó a vivir en el seno de la Virgen, alimentándose de la misma sangre, latiendo su corazón al unísono con aquel de la madre. Jesús está perfectamente consciente de todo lo que pasa en el seno de María, conoce todo el proceso biológico, todos los movimientos de su madre, escucha perfectamente sus palabras y conoce sus afectos inquietudes y alegrías.

Se inicia un divino misterio de Amor.
an Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno purísimo de la Virgen María. Es el día más grande y exaltante para la Virgen María de Nazareth, porque Dios irrumpió en su vida con su presencia y con su gracia. El verbo de Dios, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad se hizo Hombre, asume la naturaleza humana, quedando unido para siempre a la raza humana, con un Alma creada para Él, como Dios hace para cada hombre en el momento de la concepción. Mantuvo intacta su Divinidad: Jesús hijo de María, Verdadero Dios y verdadero Hombre. 

Desde aquel momento Dios comenzó a tener a un adorador infinito y el mundo un Salvador y mediador omnipotente. Para la realización de este gran misterio ha sido escogida solamente María, que cooperó libremente, consciente y generosamente al gran plan de Dios para salvarnos. 

Viene espontáneo recordar las palabras del Evangelio “ Tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo para Salvarnos” (Jn 3,16) . Y la Inmaculada siempre Virgen María esta estrechamente e indisolublemente unida a la obra de nuestra salvación, a a las intervención de la Santísima Trinidad para salvar a toda la humanidad. 

Dios a lo largo del Antiguo Testamento, guardo con celo el Misterio de su naturaleza Trinitaria ( un solo Dios en tres divinas personas) , para manifestarlo como “regalo precioso” por primera vez a la criatura que tenía que ser su Madre: la Virgen María. ¡ Lo más bello y lindo para la Madre .! 

De hecho reveló a María que la omnipotencia de Dios Padre y por Obra del Espíritu Santo, se encarnará en su seno el Hijo de Dios. María queda profundamente inundada de la luz de Dios, en un éxtasis de amor y de fe. 

Bastaron pocas palabras en el diálogo humilde con el Árcangel Gabriel, para abandonarse completamente a la Voluntad de Dios y dar su consentimiento pleno y total con su FÍAT, SI, HÁGASE. Y… fuimos salvados. 

El “Sí” de María 

Hace 2,000 años , el Arcángel Gabriel -que significa “Hombre de Dios”- fue enviado por Dios a Nazareth- que significa “ciudad blanca”- a donde una doncella muy joven, quizás de unos 15 años, llamada María - que significa Mar. Estrella, flor, sublime, amada por Dios. 

Le dijo el ángel: “Alégrate, llena de Gracia sobreabundante, el Señor es contigo”. 

Gozo y alegría porque viene anunciada la Buena Nueva y el nombre nuevo de María, es “Llena de Gracia”, eso es, inmaculada, sin pecado, blanca, tanto para estar en armonía con la blancura de su ciudad; purísima, inocente. 

María es el nuevo trono de Dios y de las gracias, la Madre de la Divina Gracia.. 

Frente a este saludo divino, que es al mismo tiempo una misión, una vocación, y un Compromiso con Dios, María siente un santo temor; es natural. Por eso el ángel le dice: “ No temas María, porque has encontrado gracia, el favor de Dios: concebirás y darás a luz un hijo.” 

Al ser llamada por su nombre, María se tranquiliza un poco. 

“Concebirás” por obra divina, por acción directa del Espíritu Santo, de una manera única y sobrenatural. Es cosa de Dios, nadie debe intervenir, ni hoy , ni en el futuro. “Al hijo le pondrás por nombre JESÚS, es decir “YAHVE SALVA”, o sea SALVADOR”. El hecho que Jesús recibe el nombre de un ángel, demuestra que todo en El viene de lo alto. El ángel pasa de sorpresa en sorpresa añadiendo: “ El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Claro está que no se trata del espíritu profético, sino del Espíritu Divino, potencia creadora, que crea la vida de este niño único, verdadero Dios y verdadero hombre; se trata del Espíritu santo. 

Se trata de una Nueva Creación, del Nuevo Adán, del siervo de YAHVE, de aquel que salvará toda la humanidad. Sólo Dios será su Padre y María, su Madre. Por eso todos los que tienen a Dios por Padre, tendrán a María por Madre. 

Siguió a las palabras del ángel un instante de silencio en el Cielo y en la Tierra, el silencio más importante de toda la historia. Dios mismo se silenció esperando con trepidación la respuesta de una quinceañera, humilde y santa. 

Y María pronunció su “SI”, su “Hágase” con toda su alma, con todo su Ser, y lo hizo en nombre de todos nosotros los Salvados, por su hijo , el “Salvador”. 

En aquel instante sucedió algo más grande que la creación del sol, las estrellas, los mares, montañas y de los mismos hombres y ángeles. El hijo de Dios, el verbo eterno, a palabra, el Salvador del mundo, se hizo Hombre, se hizo niño, comenzó a vivir en el seno de la Virgen, alimentándose de la misma sangre, latiendo su corazón al unísono con aquel de la madre. Jesús está perfectamente consciente de todo lo que pasa en el seno de María, conoce todo el proceso biológico, todos los movimientos de su madre, escucha perfectamente sus palabras y conoce sus afectos inquietudes y alegrías. 

Se inicia un divino misterio de Amor. 

Amor puro, santo, total.